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domingo, 25 de noviembre de 2012
miércoles, 21 de octubre de 2009
ORDEN COMPUESTO
ORDEN COMPUESTO
El orden compuesto no pertenece al grupo de los órdenes arquitectónicos griegos (dórico, jónico y corintio), sino que, con el toscano, es uno de las aportaciones romanas a los órdenes clásicos. En proporciones y elementos compositivos es idéntico al orden corintio, con dos salvedades: la basa es más rica en molduras y se asemeja a un capitel dórico invertido, mientras que el capitel es una mezcla o composición (de ahí el nombre del orden) del capitel jónico y del corintio. Del primero toma las volutas de la parte superior y del segundo las hojas de acanto que adornan la parte inferior.
Se denomina así a un tipo de orden arquitectónico utilizado por los romanos en los que se combinan el orden jónico con el corintio, es decir, las volutas con las hojas de acanto. También se utiliza el término para referirse a los capiteles que mezclan varios elementos decorativos que no son canónicos.
ORDEN TOSCANO
ORDEN TOSCANO
La arquitectura romana, es expresión de la funcionalidad y el pragmatismo del espíritu que llevó a Roma a conquistar y colonizar el mundo conocido. Es evidente que la influencia griega y etrusca marcaron las bases de esta arquitectura, pero la personalidad Romana le dotó de una uniformidad y monumentalidad características.
De hecho los órdenes griegos -jónico, dórico y corintio-, son empleados profusamente, pero no en una uniformidad, sino combinándolos en un mismo edificio. Como consecuencia aparecen dos nuevos órdenes: el compuesto -mezcla del jónico y del corintio- y el toscano, evolución del dórico.
Con el paso del tiempo, dado que los arquitectos renacentistas conocían mucho mejor el arte romano que el griego, el orden toscano también fue muy habitual desde el siglo XV (mucho más que el orden dórico que, prácticamente era desconocido y no fue recuperado hasta el Neoclasicismo).
El orden toscano es la aportación etrusca a los órdenes clásicos. Deriva del dórico, del que es una simplificación, y fue utilizado en Etruria en época anterior a la conquista de Grecia. Posteriormente fue adoptada y difundida por los romanos.
Se caracteriza por las siguientes peculiaridades:
El entablamento está compuesto por:
• El arquitrabe, una especie de viga gruesa y lisa que recorre toda la alineación de columnas.
• El friso, banda horizontal lisa de igual apariencia que el arquitrabe y separada de éste por un listel llamado tenia.
• La cornisa remata el orden formando un saledizo que generalmente cuenta con una moldura de tipo cimacio.
• El capitel está integrado por cinco piezas, todas ellas lisas:
Un listel.
El ábaco es una pieza prismática similar a un tablero de planta cuadrada que soporta directamente sobre sí la estructura horizontal del edificio.
El equino, cuya geometría es la de una figura convexa de revolución, se expande hacia la parte superior con un sentido de transición entre las dimensiones del extremo del fuste y las del ábaco de mayor tamaño.
El collarino, tambor cilíndrico intercalado entre el equino y el fuste, a modo de prolongación de éste y separado de él por una moldura horizontal.
El baquetón (Moldura redonda vertical, normalmente dispuesta en hilera con otras).
La columna toscana, a diferencia de la dórica griega, se apoya sobre una base (y ésta, sobre un podio)
El fuste es de sección circular, normalmente liso. El tamaño total de la columna suele ser de catorce módulos, siendo de doce el del fuste. Su diámetro no es constante, sino que va aumentando hasta producir un ligero abombamiento o éntasis, decreciendo luego hacia el extremo superior.
La arquitectura romana, es expresión de la funcionalidad y el pragmatismo del espíritu que llevó a Roma a conquistar y colonizar el mundo conocido. Es evidente que la influencia griega y etrusca marcaron las bases de esta arquitectura, pero la personalidad Romana le dotó de una uniformidad y monumentalidad características.
De hecho los órdenes griegos -jónico, dórico y corintio-, son empleados profusamente, pero no en una uniformidad, sino combinándolos en un mismo edificio. Como consecuencia aparecen dos nuevos órdenes: el compuesto -mezcla del jónico y del corintio- y el toscano, evolución del dórico.
Con el paso del tiempo, dado que los arquitectos renacentistas conocían mucho mejor el arte romano que el griego, el orden toscano también fue muy habitual desde el siglo XV (mucho más que el orden dórico que, prácticamente era desconocido y no fue recuperado hasta el Neoclasicismo).
El orden toscano es la aportación etrusca a los órdenes clásicos. Deriva del dórico, del que es una simplificación, y fue utilizado en Etruria en época anterior a la conquista de Grecia. Posteriormente fue adoptada y difundida por los romanos.
Se caracteriza por las siguientes peculiaridades:
El entablamento está compuesto por:
• El arquitrabe, una especie de viga gruesa y lisa que recorre toda la alineación de columnas.
• El friso, banda horizontal lisa de igual apariencia que el arquitrabe y separada de éste por un listel llamado tenia.
• La cornisa remata el orden formando un saledizo que generalmente cuenta con una moldura de tipo cimacio.
• El capitel está integrado por cinco piezas, todas ellas lisas:
Un listel.
El ábaco es una pieza prismática similar a un tablero de planta cuadrada que soporta directamente sobre sí la estructura horizontal del edificio.
El equino, cuya geometría es la de una figura convexa de revolución, se expande hacia la parte superior con un sentido de transición entre las dimensiones del extremo del fuste y las del ábaco de mayor tamaño.
El collarino, tambor cilíndrico intercalado entre el equino y el fuste, a modo de prolongación de éste y separado de él por una moldura horizontal.
El baquetón (Moldura redonda vertical, normalmente dispuesta en hilera con otras).
La columna toscana, a diferencia de la dórica griega, se apoya sobre una base (y ésta, sobre un podio)
El fuste es de sección circular, normalmente liso. El tamaño total de la columna suele ser de catorce módulos, siendo de doce el del fuste. Su diámetro no es constante, sino que va aumentando hasta producir un ligero abombamiento o éntasis, decreciendo luego hacia el extremo superior.
jueves, 15 de octubre de 2009
sábado, 12 de septiembre de 2009
Corintio
El orden corintio es el más elegante y ornamentado de los órdenes arquitectónicos clásicos. Se atribuye su creación al escultor griego Calímaco en el siglo IV a. C. En lo esencial es similar al orden jónico, del que difiere básicamente en la forma y tamaño del capitel.
Durante muchos años el orden corintio fue empleado de manera exclusiva en el interior de los edificios de orden dórico y jónico, porque sus proporciones y variedad de decoración lo hacían especialmente apto para las semicolumnas y pilares internos. Su uso más antiguo como elemento externo se data en el templo de Apolo Basse en Arcadia, a finales del s. V a.C. y no se usa en el soportal de un templo hasta que aparece en el Olimpeión de Atenas en torno al 175 a.C.
La columna va dotada de basa. Se trata de una pieza de apoyo compuesta por tres molduras: dos molduras circulares o medios toros y una escocia intercalada entre ambos que puede ir adornada por unos listeles. En ocasiones, esta basa apoya a su vez sobre un plinto, pieza prismática de planta cuadrada de poco espesor.
El fuste es de sección circular y presenta un ligero éntasis. Está acanalado por 24 estrías separadas entre sí por finos filetes longitudinales. A veces el fuste es reemplazado por figuras. Si son masculinas se denominan atlantes o telamones mientras que si se trata de figuras femeninas se llaman cariátides.
El capitel es el elemento más representativo de este orden y se reconoce por su apariencia de campana invertida o cesta de la que rebosasen las hojas de acanto, cuyos tallos dan lugar a una especie de volutas o espirales (caulículos) en las cuatro esquinas.
El entablamento está formado por:
El arquitrabe, que se muestra usualmente descompuesto en tres bandas horizontales superpuestas y escalonadas (fasciae).
El friso es una banda continua (sin metopas ni triglifos) adornada con una sucesión de figuras en relieve. Carga directamente sobre el arquitrabe.
La cornisa coronada por el alero forma un saledizo que generalmente cuenta con una moldura de tipo cimacio.
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Durante muchos años el orden corintio fue empleado de manera exclusiva en el interior de los edificios de orden dórico y jónico, porque sus proporciones y variedad de decoración lo hacían especialmente apto para las semicolumnas y pilares internos. Su uso más antiguo como elemento externo se data en el templo de Apolo Basse en Arcadia, a finales del s. V a.C. y no se usa en el soportal de un templo hasta que aparece en el Olimpeión de Atenas en torno al 175 a.C.
La columna va dotada de basa. Se trata de una pieza de apoyo compuesta por tres molduras: dos molduras circulares o medios toros y una escocia intercalada entre ambos que puede ir adornada por unos listeles. En ocasiones, esta basa apoya a su vez sobre un plinto, pieza prismática de planta cuadrada de poco espesor.
El fuste es de sección circular y presenta un ligero éntasis. Está acanalado por 24 estrías separadas entre sí por finos filetes longitudinales. A veces el fuste es reemplazado por figuras. Si son masculinas se denominan atlantes o telamones mientras que si se trata de figuras femeninas se llaman cariátides.
El capitel es el elemento más representativo de este orden y se reconoce por su apariencia de campana invertida o cesta de la que rebosasen las hojas de acanto, cuyos tallos dan lugar a una especie de volutas o espirales (caulículos) en las cuatro esquinas.
El entablamento está formado por:
El arquitrabe, que se muestra usualmente descompuesto en tres bandas horizontales superpuestas y escalonadas (fasciae).
El friso es una banda continua (sin metopas ni triglifos) adornada con una sucesión de figuras en relieve. Carga directamente sobre el arquitrabe.
La cornisa coronada por el alero forma un saledizo que generalmente cuenta con una moldura de tipo cimacio.
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Jónico
El orden jónico es el segundo, en sentido cronológico, de los órdenes arquitectónicos clásicos que tuvo su origen hacia el siglo VI a. C. en la costa oeste de Asia Menor y en las islas Cícladas. Es más dórico.
Esencialmente se diferencia del dórico en las columnas, aunque también aparecen pequeñas diferencias en los otros elementos. El pedestal está formado por tres escalones, dos inferiores o estereóbatos y uno superior estilóbato, sobre el que se alzan las columnas.
La primera característica que se aprecia en la columna es su fuste acanalado y un capitel de volutas horizontales. El fuste de la columna no descansa directamente sobre este escalón, sino que existe un elemento intermedio: la basa. Esta puede ser de dos tipos: basa ática compuesta por dos toros (un abultamiento semicircular); basa asiática caracterizada por dos estrechas escorcias sobre las cuales se asienta un toro macizo con acanaladuras horizontales.
El fuste presenta veinticuatro acanaladuras, separadas por unos finos listones. Esta distribución hace de esta columna una pieza más esbelta que la columna dórica. Su canon de altura se estableció en una proporción de diez veces el diámetro inferior. Hay que matizar que en su fuste no se utiliza la trampa de éntasis, por lo cual la columna se va estrechando según va ganando altura.
El segundo elemento que caracteriza el orden jónico es su capitel, que esta formado por equino y ábaco.
El equino esta decorado por dos volutas horizontales que presenta en la parte central una especie de cojín formado por el espacio entre las volutas, que se disponen en torno a unos ejes centrales y perfiladas por un canalillo entre ellas.
El ábaco es una lastra cuadrada muy baja que a veces aparece ligeramente perfilada.
El jónico sigue perteneciendo a la arquitectura arquitrabada.
El elemento sostenido principal es el entablamento que estaba dividido entres secciones: arquitrabe, friso y cornisa. El arquitrabe se muestra usualmente descompuesto en tres bandas horizontales superpuestas y escalonadas. El friso es una banda continua (sin metopas ni triglifos) adornada con una sucesión de figuras en relieve. Carga directamente sobre el arquitrabe. La cornisa coronada por el alero forma un saledizo que generalmente cuenta con una moldura de tipo cimacio.
Esencialmente se diferencia del dórico en las columnas, aunque también aparecen pequeñas diferencias en los otros elementos. El pedestal está formado por tres escalones, dos inferiores o estereóbatos y uno superior estilóbato, sobre el que se alzan las columnas.
La primera característica que se aprecia en la columna es su fuste acanalado y un capitel de volutas horizontales. El fuste de la columna no descansa directamente sobre este escalón, sino que existe un elemento intermedio: la basa. Esta puede ser de dos tipos: basa ática compuesta por dos toros (un abultamiento semicircular); basa asiática caracterizada por dos estrechas escorcias sobre las cuales se asienta un toro macizo con acanaladuras horizontales.
El fuste presenta veinticuatro acanaladuras, separadas por unos finos listones. Esta distribución hace de esta columna una pieza más esbelta que la columna dórica. Su canon de altura se estableció en una proporción de diez veces el diámetro inferior. Hay que matizar que en su fuste no se utiliza la trampa de éntasis, por lo cual la columna se va estrechando según va ganando altura.
El segundo elemento que caracteriza el orden jónico es su capitel, que esta formado por equino y ábaco.
El equino esta decorado por dos volutas horizontales que presenta en la parte central una especie de cojín formado por el espacio entre las volutas, que se disponen en torno a unos ejes centrales y perfiladas por un canalillo entre ellas.
El ábaco es una lastra cuadrada muy baja que a veces aparece ligeramente perfilada.
El jónico sigue perteneciendo a la arquitectura arquitrabada.
El elemento sostenido principal es el entablamento que estaba dividido entres secciones: arquitrabe, friso y cornisa. El arquitrabe se muestra usualmente descompuesto en tres bandas horizontales superpuestas y escalonadas. El friso es una banda continua (sin metopas ni triglifos) adornada con una sucesión de figuras en relieve. Carga directamente sobre el arquitrabe. La cornisa coronada por el alero forma un saledizo que generalmente cuenta con una moldura de tipo cimacio.
Dórico
El edificio se levanta sobre un basamento que se llama estilóbato. Se sube a él por medio de una escalinata que a veces al tener los peldaños muy altos se ha necesitado duplicar o dotar de una rampa. Sobre el estilóbato se levantan las columnas del pórtico, sin basa y acanaladas, con dieciséis o veinte estrías verticales que se cortan en arista aguda. Estas aristas terminan en lo alto en una serie de ranuras que forman lo que se llama collarino, y encima se apoya el capitel, cuya forma es: una simple moldura convexa, llamada equino, como un almohadón, que recibe el peso de las partes superiores del edificio y lo transmite al soporte vertical. La forma del equino cambia según las épocas: aplanado en un principio, después se va elevando. La columna también es más gruesa y baja en los templos primitivos; con el tiempo fue haciéndose más esbelta y se aumentó en ella el número de estrías.
Encima de las columnas se apoya la faja horizontal llamada entablamento. En un principio era también de madera; una primera viga horizontal corría a lo largo de las columnas, otras vigas atravesadas cubrían el pórtico, y encima se apoyaban las piezas inclinadas que sostenían el tejado. Estos tres elementos se mantienen en el templo construido de piedra. La viga horizontal se convierte en uno o dos bloques pareados de piedra que van de columna a columna, sin decoración, formando una zona lisa en el orden dórico, que se llama arquitrabe. Encima se extiende una faja llamada friso, dividida en recuadros, decorados la mitad con estrías verticales que vienen a recordar las cabezas de las vigas de madera del pórtico y se llaman triglifos. Los otros recuadros, en el templo de madera, debían de quedar abiertos, pero más tarde se cerraron también con bloques cuadrados, pintados o esculpidos, llamados metopas. Esta alternancia de triglifos y metopas en el friso es una de las cosas más características del orden dórico. Encima del friso avanza la cornisa, para defender de la lluvia las partes inferiores; el agua del tejado queda retenida por un cimacio. En conjunto, la decoración escultórica se reduce sólo a las metopas; todo lo demás no tiene más pretensiones de belleza que la que resulta de la disposición ordenada de sus partes.
El templo estaba cubierto por medio de vigas apareadas, y cuando el ancho de la cella era demasiado grande, estas vigas tenían otra horizontal que las unía formando tirante. En las dos fachadas principales del templo, el tejado marca la doble pendiente, donde queda un triángulo que se llama frontón, el cual acostumbra también decorarse con variedad de esculturas. Los frontones tienen más o menos pendiente, según las épocas, y sus tres ángulos están decorados con varias piezas de mármol esculpido o de cerámica llamadas acroteras. En un principio, las acroteras fueron simples, más tarde tienen una gran variedad de formas, y es frecuente que ostenten dos figurillas femeninas. Las acroteras de los ángulos solían tener forma de grifos o de pequeñas victorias.
Como los restos que han llegado a nuestros días tienen la cella sin techo, no sabemos como se iluminaba el santuario. Lo más probable es que, o bien tuvieran la cella abierta a la manera de un patio, o bien fueran completamente cerrados, y entonces no recibiría más luz el santuario que la que entraba por la puerta; estos últimos eran los más numerosos. Esta cella estaba llena de exvotos, y en el fondo se levantaba la estatua de la divinidad. Los devotos raramente tenían acceso al interior del santuario; era habitación o sagrario y no lugar de ceremonias y ritos del culto público.
El templo estaba siempre policromado tanto en el exterior cuanto en el interior. A partir del siglo V a.C, los templos se hicieron en general de mármol; pero aun entonces se estucaban con una capa finísima de cal y mármol a fin de disimular las juntas, y por tradición se aplicaba el color para hacer resaltar los elementos constructivos.Del capitel sólo se pintaba el rojo del collarino. El arquitrabe estaba casi siempre libre de policromía, el listel era azul y los triglifos siempre azules con sus estrías negras; el fondo de las metopas también pintado, y lo mismo ciertos elementos de la cornisa, con palmetas y grecas combinadas. Las acroteras eran también de vivos colores, y el fondo del frontón se pintaba de negro o rojo. En el interior de la celia, la decoración policroma debía de estar principalmente en el friso y en el techo, para esconder las vigas de la cubierta.
Encima de las columnas se apoya la faja horizontal llamada entablamento. En un principio era también de madera; una primera viga horizontal corría a lo largo de las columnas, otras vigas atravesadas cubrían el pórtico, y encima se apoyaban las piezas inclinadas que sostenían el tejado. Estos tres elementos se mantienen en el templo construido de piedra. La viga horizontal se convierte en uno o dos bloques pareados de piedra que van de columna a columna, sin decoración, formando una zona lisa en el orden dórico, que se llama arquitrabe. Encima se extiende una faja llamada friso, dividida en recuadros, decorados la mitad con estrías verticales que vienen a recordar las cabezas de las vigas de madera del pórtico y se llaman triglifos. Los otros recuadros, en el templo de madera, debían de quedar abiertos, pero más tarde se cerraron también con bloques cuadrados, pintados o esculpidos, llamados metopas. Esta alternancia de triglifos y metopas en el friso es una de las cosas más características del orden dórico. Encima del friso avanza la cornisa, para defender de la lluvia las partes inferiores; el agua del tejado queda retenida por un cimacio. En conjunto, la decoración escultórica se reduce sólo a las metopas; todo lo demás no tiene más pretensiones de belleza que la que resulta de la disposición ordenada de sus partes.
El templo estaba cubierto por medio de vigas apareadas, y cuando el ancho de la cella era demasiado grande, estas vigas tenían otra horizontal que las unía formando tirante. En las dos fachadas principales del templo, el tejado marca la doble pendiente, donde queda un triángulo que se llama frontón, el cual acostumbra también decorarse con variedad de esculturas. Los frontones tienen más o menos pendiente, según las épocas, y sus tres ángulos están decorados con varias piezas de mármol esculpido o de cerámica llamadas acroteras. En un principio, las acroteras fueron simples, más tarde tienen una gran variedad de formas, y es frecuente que ostenten dos figurillas femeninas. Las acroteras de los ángulos solían tener forma de grifos o de pequeñas victorias.
Como los restos que han llegado a nuestros días tienen la cella sin techo, no sabemos como se iluminaba el santuario. Lo más probable es que, o bien tuvieran la cella abierta a la manera de un patio, o bien fueran completamente cerrados, y entonces no recibiría más luz el santuario que la que entraba por la puerta; estos últimos eran los más numerosos. Esta cella estaba llena de exvotos, y en el fondo se levantaba la estatua de la divinidad. Los devotos raramente tenían acceso al interior del santuario; era habitación o sagrario y no lugar de ceremonias y ritos del culto público.
El templo estaba siempre policromado tanto en el exterior cuanto en el interior. A partir del siglo V a.C, los templos se hicieron en general de mármol; pero aun entonces se estucaban con una capa finísima de cal y mármol a fin de disimular las juntas, y por tradición se aplicaba el color para hacer resaltar los elementos constructivos.Del capitel sólo se pintaba el rojo del collarino. El arquitrabe estaba casi siempre libre de policromía, el listel era azul y los triglifos siempre azules con sus estrías negras; el fondo de las metopas también pintado, y lo mismo ciertos elementos de la cornisa, con palmetas y grecas combinadas. Las acroteras eran también de vivos colores, y el fondo del frontón se pintaba de negro o rojo. En el interior de la celia, la decoración policroma debía de estar principalmente en el friso y en el techo, para esconder las vigas de la cubierta.
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